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sábado, 23 de marzo de 2013


Reseña: The Boy on Cinnamon Street


Título: The Boy Cinnamon Street.
Autor/a: Phoebe Stone.
Páginas: 240.
Publicado por: Scholastic Inc.
Fuente: Library.
Formato: Tapa dura.
Calificación: 5 estrellas.

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Sinopsis:

La historia sobre una herida chica, y un chico que no se dará por vencido con ella.

Louise, de séptimo grado, debería ser la capitana del equipo de gimnasia de su escuela… pero no lo es. Es divertida y linda, y debería tener muchísimos amigos… pero no los tiene. Y hay un chico maravilloso que está enamorado de ella… pero de alguna manera, nunca logran hablarse. Louise tiene todo lo necesario, entonces, ¿qué es lo que la detiene?

Phoebe Stone nos cuenta la historia ganadora de la primavera, cuando Louise Terrece, una chica de séptimo grado, se despierta, encuentra el coraje para enfrentarse al doloroso secreto familiar del que está huyendo y —finalmente— se queda con el chico.

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Opinión Personal:

Éste es el tipo de libros que yo llamo “Lecturas de Verano”, ¿Por qué? Porque no es una historia llamativa o que te asombra, sino que es ligera, corta y dulce. Y eso es precisamente la razón por la cual adoré tanto el libro.

Lousie, ahora llamada “Pulgarcita”, es una chica bajita y común que vive con sus abuelos. Ella solía vivir en la calle Cinnamon junto a su madre, pero se mudó luego de un evento traumático. Louise ni siquiera puede recordar lo que sucedió.

La cosa es que Pulgarcita nos va relatando su "nueva" vida. Tiene dos mejores amigos: Reni y Henderson. Hermanos. Reni es amigable y divertida, y está completamente obsesionada con Justin Bieber (hasta el punto de haberle enviado correos y eso). Hen, por otro lado, es un chico alto, nerd, dulce, todo lo ve como algo interesante y sabe un montón de muchas cosas, sean importantes o raras o inútiles. Además, escribe una novela de robots. Y secretamente se encuentra enamorado de Pulgarcita.

Un día, Louise encuentra un mensaje después de haber recibido la pizza que pidieron a domicilio. Ésta dice: “Soy tu mayor admirador”. Allí comienza toda la trama, con ella y Reni queriendo averiguar si quien lo envió fue el repartidor de pizza, Benny y la forma de acercarse a él. 

En sí la novela tiene otro trasfondo más agridulce y se inclina más hacia el pasado de la protagonista. Sin embargo, tú vas observando esto poco a poco, a medida que otros sucesos y más regalos van apareciendo por allí. La historia va adentrándose y revelando sentimientos conflictivos de Louise, dándote cuenta hasta cuánto le afectó lo de su madre.

Debo decir que amé el libro. Fue una lectura que me sorprendió bastante, esperaba algo más romántico y dulce, y es así, pero a la vez tiene otras cosas. Luchas internas, problemas de familia, etc. Tiene tonos amargos y llega un momento en el que te preguntas si realmente ella está bien o no.
Está lleno de sorpresas, algo que me encanta, y al finalizar el libro te quedas con una gran sonrisa en el rostro, y con una sensación dulce. Realmente deseé un amigo como Henderson (¿Podrían enviármelo como regalo de navidad, por favor?) y unos abuelos tan carismáticos.

Resumiendo, The Boy on Cinnamon Street es una muy buena opción para un día de invierno con una taza de chocolate caliente y una suave frazada sobre tus hombros. Te hará reír, suspirar, soltar muchos “awwww”, y al mismo tiempo te sorprenderá, te pondrá triste,  feliz, y finalmente, te enamorará. 

¡No te arrepentirás si le das una oportunidad! 

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CALIFICACIÓN:




miércoles, 12 de septiembre de 2012

                            

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Mi Sueño
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Nadie debe saberlo… es un secreto que nadie nunca debe descubrir…

Estoy enamorada de un sueño… un sueño dulce, tierno y azul. Oh, si… un azul tan brillante como el cielo y tan profundo como el mar… es un bellísimo color.

También es rubio, ¡Cuán rubio es mi sueño! Hace que las monedas de oro se vean opacas ante su hermoso brillo. Reluciente amarillo. Magnífico resplandor.

Pero no es solo sus colores lo que me cautivan, ¡Si tan solo fuera aquello no estaría como lo estoy, señores!

Es lo más dulce que alguna vez hayan probado damas. Ni los chocolates, pasteles y dulces se comparan con su sabor tan exquisito. Te vuelven adicta, te envician y te hacen tirar por la borda cualquier dieta planeada. ¿Quién necesita ser flaca cuando tienes algo tan dulce contigo? Esa clase de placeres no deben desperdiciarse señores…

Sin embargo, lo dulce es solo una parte. Una parte de todas las maravillas que encierran a mi sueño, señores. Es felicidad, además. ¡Cuánta felicidad! ¡Uno es incapaz de estar triste a su lado, señores! Con tantas risas, tantas sonrisas, ¡Tanta diversión! Es un sueño alegre, que te desborda vida por cada uno de sus poros. Alegría, no hay nada más a su lado, señores.

¿Creen que aquí termino? ¡Me faltarían palabras para terminar de expresar como es mi sueño! Es que estoy tan enamorada de él…

Aun así, ustedes creen que es demasiado bueno ¿verdad? Demasiado perfecto… si, sé que es justamente eso lo que está pasando por sus mentes, señores. Y no se equivocan. Mi sueño no es perfecto. Hay días que su azul se apaga, días en donde lo rubio que es, se vuelve casi gris, días donde no hay diversión junto a él… y son en esos días, señores, cuando más me gusta estar a su lado. Porque si, señores, es un hermoso sueño que de tan maravilloso que es la gente trata de desvanecerlo. Pero yo lo amo, señores, lo amo con todo mi corazón y es justo en esos días cuando puedo demostrárselo. Cuando ese sueño me permite entrar en su magnífico mundo y contemplarlo a su lado, maravillándome cada vez más. De su sencillez, su dulzura, su desbordante energía y de su azul y rubia apariencia.

Pues es mi secreto, señoras y señores. El estar enamorada de un sueño tan perfecto que la gente es incapaz de creer en él. Pero yo sé que existe, que está ahí, cada noche en mi cama, acompañándome, protegiéndome, mirándome con ese azul que tanto adoro y con ese rubio que tanto brilla. Y cuando me sonríe soy la mujer más feliz del planeta señores.

Porque nadie debe saberlo… descubrir mi pequeño y más grande secreto… estoy enamorada de un sueño…

Un sueño que solo yo veo.

Y que es solo mío.

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Cielo en Llamas
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Cuando desperté… el cielo estaba ardiendo.

Rojo fuego.

Brillante.

Reluciente.

Por un estúpido segundo quise levantar mi mano y tocarlo. Sentía que podía tocarlo. Estaba caliente. Ardía. Dolía.

Yo dolía. Todo mi cuerpo estaba adolorido.

Fue allí cuando me pregunté dónde estaba, ¿Qué había pasado? ¿Por qué todo era rojo? ¿Por qué el cielo estaba rojo?

Siempre odié el rojo.

Y allí estaba, en todas partes.

Hice el intento de girar mi cuello a pesar de la dificultad que ese simple movimiento me causaba. Tenía que haber algo alrededor. Algo que me dijera que pasaba y porqué estaba allí.

Nada.

Un extenso vacío si vislumbraba a mí alrededor. Todo rodeado de ese horripilante rojo. Hice otro nuevo intento de moverme, pero ahora con mis brazos. No pude.

Entonces escuché una voz. Era suave, agradable. No parecía lejana, sin embargo era tan dulce y serena que parecía que estuviera a kilómetros de distancia.

La voz me llamaba.

“Vuelve”, decía, “Vuelve conmigo”.

Y yo quería ir, pero no sabía a dónde tenía que volver.

La voz volvió a alzarse, esta vez más fuerte.

“Te extraño”, decía, “Te necesito conmigo”.

Por un momento deseé saber a quién pertenecía aquella voz. Era tan hermosa. Una voz masculina y a la vez delicada. Era la voz más hermosa que había escuchado, más hermosa que la de cualquier cantante que alguna vez haya usado la suya.

Y sentía que me hablaba a mí. Quería responderle, quería decirle: “También te necesito, también quiero estar contigo. Muéstrate, quiero verte”.

Pero yo seguía sin ver nada más que rojo.

La voz comenzó a hacer sonidos raros, leves jadeos y suspiros entrecortados como quien trata de callar algo que no desea que nadie escuche.

Era el sonido del llano. Un llanto profundo, letal.

Un llanto que me apretaba el pecho y me daban ganas de abrazar a quien lo producía. Cobijar a aquella persona hasta que parara.

La voz volvió a alzarse una vez más. De allí provenía el llanto.

“Te quiero, por favor regresa. Prometo protegerte, prometo esta vez sí ser tu héroe. ¡No tenías porqué haber hecho eso! ¡No tuviste que salir de casa y hacer ese estúpido viaje!”, recriminó la voz. Quería sonar enfadada, pero los sollozos solo le daban un toque de tristeza y reproche.

Yo quería consolarlo. Anhelaba que apareciera y poder decirle que siempre había sido mi héroe. Que no era su culpa. Fue mi imprudencia. Fue esa maldita pelea que tuvimos.

¿Pelea? ¿Héroe? ¿Viaje? Esas palabras eran tan conocidas…

Y entonces todo volvió a mí.

La discusión a medianoche con Max, mi novio. Los gritos y mí apresurada salida. El avión. Tomé un avión para irme a la casa de mis padres y no ver su cara por un largo tiempo.

El accidente. Los problemas técnicos del avión que provocaron que dejara de funcionar.

Caímos en picada hacia una zona plana con algunos árboles. Seguramente me quedé inconsciente por la pérdida de sangre de algunas heridas en mi cuerpo.

Estaba tirada en la nada. La voz no existía. Estaba en mi casa.

Yo estaba perdida, y veía todo rojo.

A mi alrededor solo había destrucción, y cadáveres.

El cielo estaba ardiendo porque yo ardía, yo me quemaba.

Yo me estaba muriendo.

Y el rojo, ese indeseable rojo que siempre desprecié, sería lo último que mis ojos verían antes de cerrarse.

“Lo siento, Max. Tal vez… tal vez estaré mucho más lejos de lo que pensaba. Te quiero, no lo olvides”.

El cielo seguía ardiendo, pero yo ya había dejado de observarlo.

Ahora todo era negro.

Ahora estaba envuelta en una profunda oscuridad sin retorno.